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Día 6 — De la Ciudad Eterna al Mediterráneo

Trayecto desde Roma a Civitavecchia y embarque la crucero.

Después de cinco jornadas recorriendo Roma, la ciudad comenzaba a sentirse familiar. Ya no necesitábamos consultar el mapa para movernos. Reconocíamos las estaciones del metro, las calles cercanas al hotel y hasta los pequeños cafés donde habíamos desayunado. Quizá por eso la partida tuvo un sabor especial. Nos levantamos temprano, desayunamos por última vez en el hotel y terminamos de preparar las valijas. Apenas dejamos la habitación sentí esa mezcla de emociones que aparece cada vez que un viaje cambia de etapa. Habíamos esperado durante meses recorrer Roma, pero ahora nos esperaba algo completamente distinto: cruzar el Atlántico a bordo del MSC Fantasia. Desde Roma Termini tomamos el tren hacia Civitavecchia. El trayecto, de aproximadamente una hora, fue tranquilo. Poco a poco los edificios fueron dejando lugar a pequeños pueblos y al paisaje de la costa italiana. Al llegar a la estación comenzó la última parte del recorrido. Caminamos hasta el puerto siguiendo el flujo de pasajeros que, como nosotros, arrastraban sus valijas rumbo a los enormes barcos atracados. Y entonces apareció.

Tren
Viaje en Tren hacia Civitavecchia.

El MSC Fantasia. Por más fotografías que uno haya visto, nada prepara para el tamaño real de un crucero de esas dimensiones. Desde el muelle parecía un edificio flotante. Los balcones se sucedían uno encima del otro hasta perderse en altura. Durante unos minutos simplemente nos quedamos observándolo. El embarque resultó sorprendentemente ágil. Presentamos la documentación, pasamos los controles de seguridad y, finalmente, cruzamos la pasarela. En ese instante el viaje cambiaba por completo. Ya no habría hoteles que desarmar cada mañana ni trenes que tomar para llegar a una nueva ciudad. Durante las siguientes dos semanas sería el barco quien nos llevaría de puerto en puerto. Una vez a bordo recorrimos lentamente los distintos espacios del Fantasia. Cada cubierta parecía esconder algo nuevo: restaurantes, teatros, salones, piscinas y largas galerías iluminadas. Buscamos nuestra cabina, dejamos el equipaje y salimos nuevamente a explorar. Desde la cubierta superior observamos cómo el puerto comenzaba a quedar atrás. Italia se alejaba lentamente. Las murallas de Civitavecchia se hacían cada vez más pequeñas mientras el barco ganaba velocidad y el Mediterráneo se abría frente a nosotros. Hasta ese momento el viaje había consistido en descubrir ciudades. Ahora comenzaba una aventura completamente diferente. Durante las próximas semanas el mar sería nuestro camino y el MSC Fantasia, nuestro hogar.

Fantasia
MSC FANTASIA.