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Día 5 - Último abrazo de Roma

Visitamos Basílica de Santa Maria Maggiore, el Barrio de Garbatella, el Cementerio Protestante y el Foro Romano.

Ese día nos levantamos muy temprano, porque el tren hacia Asís salía a las 7:43 desde Roma Termini. Antes de entrar a la estación pasamos por un café y compramos unos croissants para el viaje. Cuando llegamos a los andenes descubrimos que el tren partía del andén 2 Est, que no sabíamos exactamente dónde estaba. Después de preguntar nos indicaron que quedaba al final del andén 1, así que tuvimos que correr y finalmente logramos subir al tren apenas dos minutos antes de que partiera. Nos sentamos frente a una pareja que también resultó ser argentina, así que el viaje de casi dos horas pasó rápidamente entre conversaciones y comentarios sobre el recorrido.

Estación Tivoli
Estación de Asis.

Al llegar a la estación de Asís cada uno siguió su camino. Nosotros comenzamos caminando hacia Santa Maria degli Angeli, donde se encuentra la pequeña capilla de la Porciúncula, uno de los lugares más importantes en la vida de San Francisco.

Porciencula
Porciencula dentro de Santa Maria degli Angeli.

Desde allí tomamos un bus que asciende hacia el casco histórico de Asís, la ciudad medieval construida sobre la colina.

Centro Asis
Centro histórico de Asis.

Nuestra primera parada fue el Templo de Minerva, situado en la Piazza del Comune. El edificio conserva aún sus columnas romanas originales del siglo I. Lamentablemente el foro estaba cerrado ese día porque era martes.

Villa d'este
Templo de Minerva.

Desde allí seguimos caminando hasta la Catedral de San Rufino, una iglesia de estilo románico con una fachada muy sobria.

Catedral de San Rufino
Entrada a la Catedral de San Rufino.

Continuamos luego ascendiendo hacia la Rocca Maggiore, la gran fortaleza que domina la ciudad. El castillo está muy bien conservado y recorrerlo permite imaginar perfectamente cómo debió ser la vida defensiva en la Edad Media. Desde sus murallas se obtienen vistas espectaculares del valle y de los campos de Umbría.

La Roca
La Roca.

Después descendimos hacia la Basílica de Santa Clara, donde se encuentra la cripta con los restos de la santa. El lugar transmite una sensación de recogimiento muy fuerte; es mucho más humilde que otros templos, pero justamente por eso tiene un carácter muy especial.

Santa Clara
Entrada a la Basílica de Santa Clara.

Finalmente llegamos al lugar más importante del día: la Basílica de San Francisco de Asís. El conjunto es imponente. La iglesia superior está decorada con los famosos frescos de Giotto, que narran episodios de la vida del santo. Lo que más impresiona es la claridad con la que cuentan la historia: no saturan, sino que acompañan el recorrido espiritual del visitante.

Basílica de San Francisco
Entrada a la Basílica de San Francisco de Asis.

En la cripta se encuentran los restos de San Francisco, y el ambiente allí es profundamente religioso. El silencio, la iluminación tenue y la presencia constante de peregrinos crean una atmósfera muy intensa.

Basílica de San Francisco
Vista Salida de Basílica de San Francisco de Asis.

Antes de regresar nos sentamos frente al Templo de Minerva en un pequeño café. Pedimos un capuchino y dos cannoli, que resultaron perfectos para recuperar energías después de tanto caminar.

Al final de la tarde tomamos nuevamente el tren de regreso a Roma. El cansancio se hizo sentir y la calefacción del vagón nos hizo dormir durante buena parte del viaje. Ya de vuelta en la ciudad cenamos una pizza de cuatro quesos y una brocheta de hongos con trufa. Asís dejó una impresión muy profunda. Es una ciudad medieval que parece detenida en el tiempo, pero que al mismo tiempo está llena de vida.

La Basílica de San Francisco es difícil de describir con palabras. Sus pinturas, su arquitectura y la presencia del santo hacen que el lugar tenga una fuerza espiritual muy particular. Allí uno puede sentir claramente el legado de ese monje humilde que transformó la Iglesia únicamente con la fuerza de su convicción. Y en cierto modo, Asís representa lo opuesto al esplendor casi exuberante de lugares como Villa d’Este. Aquí la belleza surge de la simplicidad y la fe.